Un día... en quinto o cuarto año, llego una compañera de colegio, que siempre traía teorías brillantes, con una nueva: LA TEORÍA DEL AUTOCONGELAMIENTO.
Ya no la recuerdo bien... pero en serio que era genial. La teoría decía algo así como que todos tenemos a alguien en el freezer, al cual descongelar cuando nos sentimos solas, tristes, feas o aburridas. Y que esta persona congelada, no tiene costo. Es decir, la descongelas, cumple con su misión, para luego... volver a su ubicación en el freezer, hasta nuestra próxima sensación de soledad...
Por supuesto, que todas también nos encontramos en el freezer de algún hombre que nos tiene en la categoría de "congelados".
Hasta ahí, todo genial. Todo claro. Sin costos ni beneficios demasiado altos. El problema viene, cuando nuestro congelado, se "autodescongela". Cuando de repente, abrís el freezer, y te das cuenta que hay un espacio vacío; que sin aviso previo o autorización de nuestra parte, nuestra vía de escape, ya no está más.
A veces esto nos provoca un poco de dolor, angustia... a veces enojo, hasta indignación. Pero como es una rutina para las mujeres hacer duelo hasta por la uña que se nos quebró... no hay mucho más para explayarme sobre el punto.
Creo que el problema surge, mas que nada... cuando nosotras decidimos autodescongelarnos. Salir del freezer en el que estábamos cómodamente guardadas... acostumbradas a estar.
Ahí si se genera un problema.
Cuando el individuo en cuestión, abre el freezer y se da cuenta que la pieza ya casi de colección no está mas... todo se complica. Porque, por supuesto que no se pueden resignar. No pueden comprender y aceptar que una ya no quiere estar ahí.
Entonces comienzan las inexplicables peripecias que hacen para llamar la atención. Pierden la noción del sentido de ubicación. Mandan mensajes a cualquier hora (aun sabiendo que uno puede estar en otra relación), se aparecen sorpresivamente a visitarte o esperan en la puerta de tu casa.
Si lo ves cotidianamente, empiezan a tener gestos en publico que jamas habían tenido; dicen cosas que generan incomodidad de que se hagan publicas.
Es increíble lo que genera en un hombre saber que su fijo... ya no está mas.
y ojo eh, no hay que confundirse. Porque en ese momento, el ego nos puede jugar una mala pasada... y podemos llegar a creer que en realidad no eramos solo un cacho de carne tiradas en el hueco inferior izquierdo de un congelador... que en realidad... había algo mas detrás.
Pero no, si una vuelve... se da cuenta de como son las cosas; es fácil notarlo en la sonrisa y la paz con la que dulcemente nos ubican... en ese espacio nuestro, del que nunca deberíamos haber salido...